Corte Suprema acoge acción constitucional de amparo interpuesta contra
Gendarmería en favor de mujer mapuche embarazada que fue trasladada de
urgencia desde la unidad penal engrillada y con medidas de seguridad a centros
hospitalarios para la atención de su parto, situación que se mantiene incluso
después del alumbramiento (SCS 01.12.2016 rol 92.795-2016)

Normas asociadas: CPR ART 1; CPR ART 19 N°7; CPR ART 21; PIDCP ART.10 N° 1;
REGLAS DE MANDELA ART. 47; REGLAS DE MANDELA ART.48; CEDAW ART. 2;
CEDAW ART.12.2; BELÉM DO PARÁ ART.2.

Tema: Enfoque de género; recursos; garantías constitucionales; derechos fundamentales.

Descriptores: Recurso de amparo; principio de igualdad; no discriminación; maternidad;
violencia contra la mujer; etnia; interseccionalidad.

Síntesis: Corte Suprema acoge acción constitucional de amparo y declara: (I) Que
Gendarmería de Chile ha incurrido en vulneración de derechos en contra de la amparada,
ejecutando acto de discriminación en su condición de mujer, por el trato recibido de parte
de los agentes estatales quienes desconocieron su estado de vulnerabilidad y, por ende,
de necesidad de protección; (II) Señala que, desde una perspectiva de igualdad de
género, se debió haber tomado en consideración la situación particular que
experimentaba al acercarse el proceso del parto -más aún en las difíciles circunstancias
de salud y de privación de libertad en que éste se desarrolló-, como, por otro lado, la
especial significación vital para ella del mismo, sobre todo dentro de la comunidad
mapuche a la que pertenece, y el impacto negativo que una aplicación no diferenciada de
las normas y reglamentos penitenciarios podía ocasionar en aquella mujer (III) La Corte
considera que la custodia de la amparada y las medidas de seguridad que se adopten
por Gendarmería durante los traslados a algún recinto asistencial, así como su
permanencia en estos deben estar conforme a la normativa Internacional suscrita por
Chile relativa a mujeres privadas de libertad, embarazadas o con hijos lactantes, así como
a aquella relativa a la erradicación de todas las formas de violencia y discriminación en
contra de las mujeres (IV) La sentencia reconoce expresamente a la amparada el
derecho a una vida libre de violencia, que se encuentra garantizado por la Convención
Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer( Belem
do Pará), entre otros.

TEXTO COMPLETO:

Santiago, uno de diciembre de dos mil dieciséis.

Vistos:

Se reproduce la sentencia en alzada, con excepción de su fundamento segundo, que se
suprime.

Y se tiene, además, presente:

5°) Que, en ese orden, de los diversos informes y antecedentes acompañados por
Gendarmería, aparece que el día 13 de octubre del año en curso, alrededor de las 14:00
hrs., la amparada LCLL, quien tenía a la sazón un embarazo de 32 semanas, fue derivada
por personal del área de enfermería del Centro de Detención Preventiva de Arauco al

Servicio de Urgencia del Hospital de la misma ciudad, sin que exista claridad de las
medidas de seguridad que se usaron para este traslado o en ese recinto -aun cuando la
amparada relató que fue llevada esposada, según consigna en el Informe Médico del
Departamento de Derechos Humanos del Colegio Médico allegado a estos autos-. Este
traslado se realiza en un taxi particular, en cuyo interior custodian a la amparada dos
funcionarios de Gendarmería -un hombre y una mujer-, y además el vehículo es escoltado
por un carro institucional -en el que se desplazan cinco gendarmes- y por dos motoristas
de Carabineros de Chile. En ese centro de salud se le diagnostica “preeclampsia” y a las
18:00 hrs. es trasladada al Hospital Regional de Concepción en ambulancia, en cuyo
interior la custodian dos funcionarios de Gendarmería -hombre y mujer-, manteniéndola
durante ese trayecto “engrilletada por el pie izquierdo a la camilla de la ambulancia”.
Ingresa al Hospital Regional alrededor de las 19:00 hrs., donde es evaluada en presencia
de una funcionaria de Gendarmería, para lo cual se le habrían retirado los grilletes a
petición del personal médico -según la versión de Gendarmería-, los que fueron repuestos
a la amparada por la funcionaria de Gendarmería a su cargo, cerca de las 22:00 hrs. El
día 14 de octubre, alrededor de las 15:00 hrs. la amparada es trasladada a la Clínica de la
Mujer de Concepción, por la falta de disponibilidad de camas en el Hospital Regional,
lugar donde el personal de salud pide retirar las medidas de seguridad para llevar a cabo
el respectivo monitoreo, las que no se vuelven a reponer ya que en el intertanto los
funcionarios custodios reciben instrucciones de su mando para que la amparada
permanezca en adelante sin aquellas -todo ello, según la versión de Gendarmería en su
informe-. Durante dicha evaluación se mantiene en la misma sala una funcionaria de
Gendarmería, la que también asiste al parto, dando a luz la amparada a una niña a las
16:00 horas del mismo día 14 de octubre, luego de lo cual aquélla es derivada a la Clínica
Sanatorio Alemán, por no contar la Clínica de la Mujer con servicio U.C.I. Su hija, en
tanto, quedó internada en la Clínica de la Mujer para mantenerla en incubadora bajo los
cuidados médicos respectivos.

6) Que lo antes reseñado evidencia entonces que la amparada LCLL fue mantenida con
grilletes -que ataban uno de sus pies a la camilla o cama, de la ambulancia u hospital,
según el caso- al menos desde las 18:00 hrs. hasta las 19:00 hrs. del día 13 de octubre,
durante su traslado del Hospital de Arauco hasta el Hospital Regional de Concepción, y
desde las 22:00 hrs. del día 13 de octubre hasta al menos las 15:00 hrs. del día siguiente,
desde que se reponen esas medidas por Gendarmería luego de su observación en el
Hospital Regional de Concepción, hasta que es tratada en el Hospital de la Mujer.

Todo lo anterior ocurre, no obstante que en el Hospital de Arauco ya se había
diagnosticado que la amparada sufría “preeclampsia” y, por ende, con riesgo para su vida
como de la criatura que estaba por nacer, lo que permitía descartar que en esas
condiciones pudiese intentar fugarse o evadir el cumplimiento de su condena, sea o no
con ayuda de terceros. Por lo mismo, igualmente resultaba innecesaria la presencia de
una funcionaria de Gendarmería al interior de las salas y pabellones en que la salud de la
amparada fue evaluada y monitoreada, y finalmente intervenida, presencia que, junto con
interrumpir o distraer del mejor desempeño a los facultativos y especialistas, ocasionan en
la amparada una situación de presión y hostigamiento contrario a la protección que en
esos momentos más demandaba de la institución de Gendarmería a cuyo cuidado se
encontraba, circunstancia en que lo primordial residía en resguardar la salud y vida de la
gestante como de la criatura que estaba por nacer, bastando para cumplir con su deber
de evitar una eventual -y muy improbable- fuga de la amparada con mantener vigilancia
en el exterior de la sala respectiva así como otras medidas de seguridad indispensables

que, por otro lado, no afectaran de manera desproporcionada el normal desarrollo de las
actividades en los respectivos centro de salud.

7°) Que tal obrar por parte de los agentes estatales, como se demostrará, contraviene la
normativa nacional e internacional a la que Chile se ha obligado en el tratamiento de
personas privadas de libertad y, en particular de mujeres en estado de gravidez. En
efecto, el artículo 1° de la Ley Orgánica de Gendarmería de Chile dispone que
“Gendarmería de Chile ... tiene por finalidad atender, vigilar y contribuir a la reinserción
social de las personas que por resolución de autoridades competentes, fueren detenidas o
privadas de libertad y cumplir las demás funciones que le señale la ley”. El artículo 15 del
mismo texto prescribe que “El personal de gendarmería deberá otorgar a cada persona
bajo su cuidado un trato digno propio de su condición humana. Cualquier trato vejatorio o
abuso de autoridad será debidamente sancionado conforme a las leyes y reglamentos
vigentes”. Por su parte, el Reglamento de Establecimiento Penitenciarios, en su artículo 1°
señala que “La actividad penitenciaria ... tendrá como fin primordial tanto la atención,
custodia y asistencia de detenidos, sujetos a prisión preventiva y condenados ...” Agrega
el artículo 2 de ese Reglamento que “Será principio rector de dicha actividad el
antecedente que el interno se encuentra en una relación de derecho público con el
Estado, de manera que fuera de los derechos perdidos o limitados por su detención,
prisión preventiva o condena, su condición jurídica es idéntica a la de los ciudadanos
libres” y el artículo 6 declara que “Ningún interno será sometido a torturas, a tratos
crueles, inhumanos o degradantes, de palabra u obra, ni será objeto de un rigor
innecesario en la aplicación de las normas del presente Reglamento… La Administración
Penitenciaria velará por la vida, integridad y salud de los internos y permitirá el ejercicio
de los derechos compatibles con su situación procesal”.

10°) Que, todavía más, el derecho internacional se ha preocupado por establecer reglas
mínimas para el tratamiento de mujeres privadas de libertad y, en particular, para quienes
de ellas se encuentren embarazadas, en período de lactancia o al cuidado de hijos
menores.

En relación con las medidas de seguridad usadas contra la amparada en las
circunstancias ya asentadas arriba, esto es, durante los traslados entre los recintos
hospitalarios como durante su permanencia en los mismos, las Reglas mínimas de las
Naciones Unidas para el tratamiento de los reclusos (Reglas de Mandela), en particular
los artículos 47, 48 y 49, señalan:

“Regla 47

1. Se prohibirá el empleo de cadenas, grilletes y otros instrumentos de coerción física que
por su naturaleza sean degradantes o causen dolor.

2. Otros instrumentos de coerción física sólo podrán ser utilizados cuando la ley los
autorice y en los siguientes casos:

a) como medida de precaución contra la evasión durante un traslado, siempre que sean
retirados en el momento en que el recluso comparezca ante una autoridad judicial o
administrativa;

b) por orden del director del establecimiento penitenciario, si han fracasado los demás
métodos de control, a fin de impedir que el recluso se lesione a sí mismo o lesione a
terceros, o que produzca daños materiales, en cuyos casos el director deberá alertar

inmediatamente al médico u otros profesionales de la salud competentes e informar a la
autoridad administrativa superior.

Regla 48

Cuando la utilización de instrumentos de coerción física esté autorizada de conformidad
con el párrafo 2 de la regla 47 habrán de aplicarse los siguientes principios:

a) emplear instrumentos de coerción física únicamente cuando ninguna otra forma menor
de control resulte eficaz frente a los riesgos que entrañaría la libre movilidad;

b) optar por el menos invasivo de los métodos de coerción física que sean necesarios
para controlar la movilidad del recluso y que puedan aplicarse razonablemente, en función
del nivel y la naturaleza de los riesgos en cuestión;

c) aplicar instrumentos de coerción física únicamente durante el tiempo necesario, y
retirarlos lo antes posible una vez que desaparezcan los riesgos planteados por la libre
movilidad.

2. No se utilizarán instrumentos de coerción física en el caso de las mujeres que estén por
dar a luz, ni durante el parto ni en el período inmediatamente posterior.

Regla 49

La administración penitenciaria tratará de utilizar técnicas de control para evitar la
necesidad de imponer instrumentos de coerción física o reducir el carácter invasivo de
esos instrumentos, y ofrecerá capacitación en esas técnicas.”

11°) Que resulta patente que conforme a la normativa internacional antes reproducida, en
particular la sección 2) de la Regla 48, que se repite en la Regla 24 de las Reglas de las
Naciones Unidas para el tratamiento de las reclusas y medidas no privativas de la libertad
para las mujeres delincuentes (Reglas de Bangkok), no resultaba admisible en el caso
de marras el uso de grilletes en contra de la amparada, atendido que su traslado de
urgencia desde la unidad penal a los distintos recintos de salud a que fue conducida,
obedeció a su estado de gravidez y a la inminencia de un parto complejo desde el punto
de vista médico, constituyendo el uso de grilletes una forma de represión y sujeción y, por
ende, de coerción, que resultaba improcedente por la específica norma citada. Aún más,
por aplicación de las otras Reglas mencionadas, desde que el empleo de grilletes en las
circunstancias ya referidas adquirieron un carácter “degradante”, contraviniendo la Regla
47 N° 1, desde que ante la absoluta innecesariedad de esa medida, su único objeto fue el
de resaltar la situación procesal de condenada de la amparada frente al personal médico
que la atendía, lo que en el contexto ya conocido, resultaba del todo inútil. También se
quebranta la Regla 47 N° 2, por cuanto las circunstancias ya comentadas hacían
innecesario el uso de grilletes como medida de precaución de la evasión de la amparada
durante los traslados de que fue objeto. Asimismo se conculca la Regla 48 en sus letras
a), b) y c) dado que el mero acompañamiento de una funcionaria de Gendarmería durante
sus traslados en la ambulancia -siempre que ello no dificulte las labores de los
profesionales de la salud, o la mera custodia en otro vehículo en su caso-, y la sola
vigilancia al exterior de las salas en que fue atendida e intervenida la amparada resultaba
ya suficiente para controlar un eventual -y, cabe insistir, casi inexistente- riesgo de
evasión, o la intervención de terceros con ese objeto -si eso era lo que en verdad buscaba
precaverse-. Por consiguiente, Gendarmería no empleó la forma de menor control y

menos invasiva que resultaba suficiente para manejar la supuesta movilidad de la
amparada en la situación particular que padecía.

12°) Que ahora bien, el Oficio N°202/2015 del 20 de mayo de 2015 de Gendarmería de
Chile, que reitera Instrucciones de buen servicio sobre Servicios Hospitalarios y Salidas al
Exterior, acompañado a estos autos, al cual se habrían ceñido los funcionarios que
actuaron como custodios de la amparada, tampoco se adecúa a la normativa internacional
precitada.

En efecto, señala dicho instructivo: “Se tendrá por regla general una estricta aplicación de
medidas de seguridad, a todas las personas que por resolución de autoridades
competentes, fueren detenidas o privadas de libertad y que se encuentren hospitalizadas
en recintos externos a los institucionales./ De manera excepcional, el encargado de
custodia considerará la posibilidad de no aplicar alguna de estas medidas de seguridad o
retirarlas en su caso, cuando su uso se considere un riesgo a la integridad física y
psíquica del interno hospitalizado lo cual procederá sólo cuando el médico tratante o de
turno del recinto hospitalario lo solicite por escrito a los funcionarios de custodia,
facultativo que deberá argumentar la solicitud en el informe emitido, en caso contrario,
cuando no se indique y argumente los motivos de salud, el funcionario de custodia no
deberá acceder a lo solicitado, comunicando de manera inmediata al oficial de guardia de
la unidad, con el objeto que éste a su vez, lo informe a la jefatura de la unidad para mejor
resolver./ En los casos de urgencia de salud de un interno, podrá el funcionario de
custodia obviar la solicitud escrita de retiro de las medidas de seguridad, pudiendo hacerlo
de inmediato, siempre y cuando el propio funcionario de custodia evalúe y determine que
las condiciones del entorno sean apropiadas para dicho fin./ En caso de cirugías, partos u
otros que obliguen el ingreso de interno a pabellón quirúrgico bastará con el requerimiento
verbal del médico”.

Dicho instructivo, amén de imponer formalidades que no parecen razonables en
circunstancias médicas de urgencia, como una solicitud escrita fundada del facultativo, en
el caso de la mujer embarazada privada de libertad, deja a la discreción de los
funcionarios de Gendarmería actuantes el uso de medidas de coerción en los momentos
anteriores y posteriores a la intervención médica directa, como ocurrió en este caso -
durante los traslados y con posterioridad a la evaluación e intervención-, en circunstancias
que las reglas 48 de las Reglas de Mandela y 24 de las Reglas de Bangkok, prohíben su
uso, sin necesidad de requerimiento del médico tratante en los momentos anteriores,
durante y posteriores al parto.

13°) Que, por otra parte, las actuaciones de Gendarmería antes descritas constituyen un
atentado contra el derecho de la amparada a vivir una vida libre de violencia, el que se
encuentra garantizado por la Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y
Erradicar la Violencia contra la Mujer –conocida como Convención de Belem Do Pará-
suscrita por nuestro país. Dicha Convención trata la violencia contra las mujeres como
una violación de sus derechos humanos, como una ofensa a su dignidad y como una
manifestación de las relaciones de poder históricamente desiguales entre mujeres y
hombres; y comprende la violencia que tenga lugar, no solo dentro de la unidad
doméstica, sino aquella ejercida fuera del ámbito de la familia, en los lugares educativos,
establecimientos de salud o cualquier otro lugar y también, y de especial interés en lo que
interesa al presente recurso, a aquella derivada del uso del poder del Estado en forma
arbitraria. En efecto, en conformidad a lo dispuesto en el artículo 2° de la Convención, “Se
entenderá que violencia contra la mujer incluye violencia física, sexual y sicológica, que
tenga lugar dentro de la familia o unidad doméstica, o en cualquier otra relación

interpersonal, ya sea que el agresor comparta o haya compartido el mismo domicilio que
la mujer y que comprende, entre otros, violación, maltrato y abuso sexual, que tenga lugar
en la comunidad y sea perpetrada por cualquier persona y que comprende entre otros,
violación, abuso sexual, tortura, trata de personas, prostitución forzada, secuestro y acoso
sexual en el lugar del trabajo, así como en instituciones educativas, establecimientos de
salud o cualquier otro lugar, y; que sea perpetrada o tolerada por el Estado o sus agentes,
donde quiera que ocurra”. En este caso, el Estado ha transgredido su obligación de
proteger a la amparada de la violencia ejercida por funcionarios de Gendarmería, al
permitir que aquella, que se encontraba en una especial condición de vulnerabilidad, dado
su estado de embarazo y su privación de libertad, fuera sometida a tratos vejatorios e
indignos, que debieron evitarse.

14°) Que, asimismo, no puede dejar de observarse que la vulneración de derechos en que
Gendarmería de Chile ha incurrido en contra de la amparada, como ha sido demostrado,
constituye también un acto de discriminación en su condición de mujer, pues el trato
recibido por ésta de parte de los agentes estatales desconoció dicho estado de
vulnerabilidad y, por ende, de necesidad de protección, en circunstancias que, desde una
perspectiva de igualdad de género, se debió haber tomado en consideración la situación
particular que experimentaba al acercarse el proceso del parto -más aún en las difíciles
circunstancias de salud y de privación de libertad en que éste se desarrolló-, como, por
otro lado, la especial significación vital para ella del mismo, sobre todo dentro de la
comunidad mapuche a la que pertenece, y el impacto negativo que una aplicación no
diferenciada de las normas y reglamentos penitenciarios podía ocasionar en aquella
mujer.

Los funcionarios de Gendarmería, como revelan los hechos ya comentados, asimilaron
este complejo y único proceso que vive la mujer, al de cualquier intervención quirúrgica al
que podría ser sometido un interno privado de libertad, descuidando las especiales
características del mismo, así como el atento cuidado que la mujer requiere en esas
condiciones, haciendo primar por sobre cualquier otra consideración y, por ende,
careciendo de toda proporción, el deber de evitar una eventual evasión o fuga por parte
de la amparada, la que, conviene reiterar, en el contexto antedicho resultaba inviable.

De ese modo, lo referido contraviene los compromisos pactados en la Convención sobre
la Eliminación de todas las formas de Discriminación sobre la Mujer –conocida como
CEDAW- suscrita por nuestro país, primer instrumento internacional que recoge el
principio mundial para erradicar la discriminación contra la mujer y que confiere derechos
a las mujeres frente al Estado, implicando obligaciones de éstos frente a las ciudadanas.
Es importante hacer notar que la CEDAW establece que la discriminación puede
presentarse por cualquier distinción o restricción y prohíbe no sólo los actos que tienen la
intención de discriminar, sino también aquellos que, aunque no la tuvieren, el resultado de
los mismos genera una discriminación. En tal sentido, es útil reseñar lo que ha establecido
la Recomendación General N° 25 del Comité de la CEDAW: “un enfoque jurídico o
pragmático puramente formal, no es suficiente para lograr la igualdad de facto con el
hombre, que el comité interpreta como igualdad sustantiva. Además, la Convención
requiere que la mujer tenga las mismas oportunidades desde un primer momento y que
disponga de un entorno que le permita conseguir la igualdad de resultados. No es
suficiente garantizar a la mujer un trato idéntico al del hombre. También debe tenerse en
cuenta las diferencias biológicas que hay entre las mujeres y el hombre y las diferencias
que la sociedad y la cultura han creado. En ciertas circunstancias será necesario que
haya un trato no idéntico de mujeres y hombres para equilibrar esas diferencias…”

En concordancia con lo anterior, el principio segundo de los Principios y Buenas Prácticas
sobre la Protección De las Personas Privadas de Libertad en las Américas establece “que
no serán consideradas discriminatorias las medidas que se destinen a proteger
exclusivamente los derechos de las mujeres, en particular de las mujeres embarazadas y
de las madres lactantes” y en el mismo sentido el principio 5.2 del Conjunto de Principios
para la protección de todas las personas sometidas a cualquier forma de detención o
prisión establece que “Las medidas que se apliquen con arreglo a la ley y que tiendan a
proteger exclusivamente los derechos y la condición especial de la mujer, en particular de
las mujeres embarazadas y las madres lactantes, los niños y los jóvenes, las personas de
edad, los enfermos o los impedidos, no se considerarán discriminatorias”. Y en cuanto a la
situación de particular cuidado y que demanda especial atención del Estado respecto de
los organismos que custodian a las mujeres privadas de libertad, la Convención sobre la
Eliminación de todas las formas de Discriminación sobre la Mujer en su artículo 12.2
prescribe que “los Estados Partes garantizarán a la mujer servicios apropiados en relación
con el embarazo, el parto y el período posterior al parto, proporcionando servicios
gratuitos cuando fuere necesario, y le asegurarán una nutrición adecuada durante el
embarazo y la lactancia”. Por su parte, el Comité de Derechos Humanos en su
Observación General N° 28 sobre igualdad de derechos entre hombres y mujeres, en su
artículo 3 (15) refiere que “las mujeres embarazadas que estén privadas de libertad deben
ser objeto de un trato humano y debe respetarse su dignidad inherente en todo momento,
y en particular durante el alumbramiento y el cuidado de sus hijos recién nacidos. Los
estados partes deben indicar qué servicios tienen para garantizar lo que antecede y qué
formas de atención ofrecen a esas madres y a su hijos”.

15°) Que, es posible constatar indicios que permiten tener por acreditado que el maltrato
recibido por la amparada también encuentra explicación en su pertenencia a una
comunidad mapuche, lo que refuerza el origen discriminatorio de las actuaciones de
Gendarmería. De otra forma no se explica el desmesurado y, por ende, desproporcionado
operativo de seguridad que a su salida de la unidad penal para su atención médica en un
recinto asistencial llevó a cabo Gendarmería. En efecto, la amparada está condenada por
delitos comunes de receptación y robo con intimidación, además su clasificación es de
bajo compromiso delictual según Ficha Única de condenada de fecha 17 de octubre
acompañada por Gendarmería, a lo que cabe agregar que su estado de salud restaba
toda posibilidad de que durante su traslado pudiera atentar contra terceros o intentar su
huída. Tales circunstancias no resultan coherentes con el inusual despliegue de medidas
de custodia y coerción en los traslados y durante su permanencia en los recintos
hospitalarios, donde, como el Director Regional de Gendarmería reconoce en su informe,
la salida de la unidad penal en la comuna de Arauco se realizó con escolta de otro carro
institucional en el que se trasladaban cuatro funcionarios, además de su conductor.
Sumado a ello una escolta de dos motoristas de carabineros, más la custodia directa
ejercida por dos funcionarios en el mismo taxi en que iba la amparada. Estas importantes
medidas de seguridad se reiteraron luego en su traslado a Concepción y durante su
permanencia en los distintos recintos por los que debió transitar para obtener la adecuada
asistencia médica.

Es así como tal despliegue de medidas únicamente se explica por el hecho de tratarse de
una condenada de origen mapuche, lo que se confirma con la observación que se
consigna en la orden de salida hacia el hospital de Arauco, también acompañada a este
expediente por Gendarmería, donde se indica: interna que debe ser trasladada al servicio
de urgencias del Hospital de Arauco, se adjunta salida al hospital, “ojo interna comunera
mapuche, adoptar las medidas de seguridad correspondiente”. Su carácter de “comunera

mapuche” se vuelve a destacar en los Parte N° 238 y 239 de 13 de octubre, Parte N° 239
de 14 de octubre, e Informes de Novedades de 13 de octubre -documentos todos también
incorporados a este legajo-, en los que se consignan los egresos y hospitalizaciones de la
amparada, destacando siempre el ser ésta “comunera mapuche”. Así se habla,
respectivamente, de Salida de Urgencia del Hospital de Arauco “de comunera mapuche”
que indica; Hospitalización de “comunera mapuche condenada” que indica; interna
“comunera mapuche” da a luz en clínica de Concepción; Sale “comunera mapuche” al
Servicio de Urgencia; y, Hospitalización de condenada “perteneciente a comunidad
mapuche”.

En este caso se adoptaron medidas de seguridad para el traslado de una interna en razón
de su pertenencia a una comunidad mapuche, y que si no concurriera esta cualidad
adscrita en la amparada, no se habrían implementado. Estos antecedentes constituyen
prueba irrefragable de discriminación, pues no obedecen a la gravedad de los delitos por
los que cumple condena, ni a su alto grado de compromiso delictual, ni a indicios o
noticias que permitan siquiera sospechar un intento de fuga, sino en forma exclusiva a su
etnia de origen.

16°) Que, así las cosas, se estima que en el caso sub judice hay una situación
paradigmática de interseccionalidad en la discriminación, donde se observa una
confluencia de factores entrecruzados de discriminación que se potencian e impactan
negativamente en la amparada, pues ésta recibió un trato injusto, denigrante y vejatorio,
dada su condición de mujer, gestante y parturienta, privada de libertad y perteneciente a
la etnia mapuche, lo que en forma innecesaria puso en riesgo su salud y vida, así como
la de su hijo, todo ello, en contravención a la normativa nacional e internacional vigente en
la materia. Estas reglas, han advertido que la convergencia de múltiples formas de
discriminación aumenta el riesgo de que algunas mujeres sean víctimas de discriminación
compuesta, por lo cual la entidad recurrida, Gendarmería de Chile, afectó la seguridad
personal de la amparada durante la privación de libertad que sufría con motivo del
cumplimiento de las penas impuestas y su dignidad como persona, en contravención a la
Constitución Política y las leyes, debiendo en consecuencia ser acogida la acción de
amparo interpuesta en su favor, adoptándose las medidas necesarias para restablecer el
imperio del Derecho.

Por estas consideraciones y visto, además, lo dispuesto en el artículo 21 de la
Constitución Política de la República, se revoca la sentencia apelada de nueve de
noviembre de dos mil dieciséis, dictada por la Corte de Apelaciones de Concepción en el
Ingreso Corte N° 330-2016 sólo en cuanto rechazó la acción de amparo deducida en favor
de LCLL y, en su lugar, se declara que se acoge el recurso de amparo interpuesto, a fin
de dejar establecida la ilegalidad que fundamenta su acogida. Para restablecer el imperio
del derecho y asegurar la debida protección de la recurrente, se decretan las siguientes
medidas:

1. La custodia de la amparada y las medidas de seguridad que se adopten por
Gendarmería durante los traslados de aquélla a algún recinto asistencial de salud
se efectuarán dando estricto cumplimiento a lo previsto en las Reglas 47, 48 y 49
de la Reglas mínimas de las Naciones Unidas para el tratamiento de los reclusos.

2. Durante dichos traslados, así como durante su permanencia en dichos
recintos, su custodia directa será ejercida exclusivamente por personal femenino
de Gendarmería de Chile.

3. Gendarmería de Chile deberá revisar y adecuar sus protocolos de
actuación en materia de traslado a hospitales externos, conforme a la normativa
Internacional suscrita por Chile relativa a mujeres privadas de libertad,
embarazadas o con hijos lactantes, así como a aquella relativa a la erradicación de
todas las formas de violencia y discriminación en contra de las mujeres.

4. Gendarmería de Chile deberá remitir copia de los resultados del sumario
administrativo que lleva adelante con motivo de estos hechos a la Ilustrísima Corte
de Apelaciones de Concepción, dentro de un plazo no superior a 30 días, además
de informar a dicho tribunal sobre las medidas adoptadas en cumplimiento de los
tres puntos precedentes.

Comuníquese de inmediato por la vía más expedita, regístrese y devuélvase. Sin
perjuicio, ofíciese.

Rol N° 92.795-16.

Pronunciado por la Segunda Sala integrada por los Ministros Sr. Carlos Künsemüller L.,
Sra. Andrea Muñoz S., Sr. Manuel Valderrama R., y los Abogados Integrantes Sres.
Jaime Rodríguez E., y Carlos Pizarro W. No firma el Abogado Integrante Sr. Pizarro, no
obstante haber estado en la vista de la causa y acuerdo del fallo, por estar ausente.

Autorizada por el Ministro de Fe de esta Corte Suprema.

En Santiago, a uno de diciembre de dos mil dieciséis, notifiqué en Secretaría por el
Estado Diario la resolución precedente, como asimismo personalmente al señor Fiscal
Judicial de la Corte Suprema, quien no firmó.